Afganistán: El Terrorismo, el Talibán y el Papel de las Mujeres en la Paz y la Seguridad

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Action Number: 
21.1
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Date: 
1 Oct 2001

El 11 de septiembre de 2001, el World Trade Center en Nueva York y el Pentágono en Washington DC fueron atacados por terroristas. En los ataques murieron más de cinco mil personas inocentes provenientes de más de ochenta países. Estados Unidos se sumó a la larga lista de naciones afectadas por el terrorismo. El 7 de octubre de 2001, Estados Unidos comenzó a bombardear a Afganistán, en una declarada "guerra contra el terrorismo", después de que el régimen del Talibán en Afganistán se negó a entregar a Osama bin Laden, el principal sospecho de los ataques del 11 de septiembre. Más personas inocentes han muerto como resultado de los bombardeos. Mientras que continúa el ciclo de violencia, crece el miedo por lo que el futuro puede aguardar. Entre los gobiernos de Estados Unidos, Pakistán y otros países, se están discutiendo nuevas alianzas militares y políticas que incluyen las fuerzas militares anti-talibanas de la Alianza del Norte, el ex-rey de 86 años, Zahir Shah, y hasta elementos del mismo Talibán.

La protección de supuestos terroristas por parte del Talibán no es ninguna sorpresa para el movimiento de mujeres, que ha protestado el régimen del Talibán desde que llegó al poder por la fuerza en 1996. En el pasado, varios gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos, han brindado un fuerte apoyo a las fuerzas fundamentalistas extremistas en Afganistán, incluyendo al mismo Osama bin Laden, en un intento de eliminar el poder soviético después de la invasión a Afganistán por parte de la Unión Soviética en 1979. Ninguna de estas fuerzas estuvo a favor de una forma de gobierno participativo ni ha demostrado ningún respeto por los derechos humanos. Ninguno fue más represivo que el Talibán. La guerra del Talibán contra las mujeres empezó de inmediato, con la total exclusión de las mujeres de la participación, y hasta su invisibilidad, en la sociedad. Bajo el mando del Talibán, a las mujeres se les prohibe salir de sus casas sin estar acompañadas de un pariente varón. Se les niega el acceso a la educación y al empleo. Forzadas a usar el burqa &emdash; una cobertura de la cabeza a los pies con sólo una rejilla para los ojos &emdash; son golpeadas y aún peor, por cualquier falta de humildad pública, como por ejemplo hacer demasiado ruido con los zapatos en el pavimento o accidentalmente mostrar los tobillos cuando caminan.

Ahora, después de los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, se ha emprendido acciones militares con el propósito de combatir el terrorismo. La instalación de un nuevo régimen en reemplazo del Talibán sólo serviría para perpetuar el ciclo de violencia, si no se basa en el respeto por los derechos humanos y en un compromiso con una forma de gobierno participativo. En vez de una paz duradera, allanará el camino para una continuación de la inestabilidad y la lucha entre las diversas facciones militares en el país, ninguna de las cuales ha demostrado ni se ha declarado a favor de un compromiso con los principios de la democracia y los derechos humanos. La paz y la seguridad duraderas en Afganistán sólo pueden lograrse si todo el pueblo participa plenamente en el gobierno del país. Cualquier proyecto político para el futuro de Afganistán debe estar fundado en el estado de derecho e incoporar explícitamente un cronograma y un proceso para elecciones libres y justas, aún si las condiciones actuales en Afganistán no lo permitan inmediatamente.

Bajo el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad autoriza la acción colectiva frente a las amenazas contra la paz, las violaciones de la paz y los actos de agresión. El Consejo de Seguridad determinó que los hechos del 11 de septiembre fueron una amenaza contra la paz y la seguridad, e hizo un llamado a sus estados miembros a trabajar juntos para juzgar a los culpables de los hechos y a los organizadores y patrocinadores de esos ataques terroristas. Sin embargo, aún no ha decidido tomar medidas específicas por sí mismo, ni ha autorizado el uso de fuerza. En cambio, deja en manos de cada estado miembro la decisión de qué acciones tomar. El año pasado, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 1325 sobre Mujeres y Paz y Seguridad. La resolución reafirma la importancia del papel de las mujeres en la prevención y resolución de conflictos. Enfatiza la importancia de su participación igualitaria y plena en todos los esfuerzos de mantener y promover la paz y la seguridad, así como también la necesidad de incrementar su participación en la toma de decisiones con respecto a la prevención y resolución de conflictos. El Consejo de Seguridad no ha tomado ninguna acción para implementar esta resolución en el contexto de la actual crisis global.

Naciones Unidas se ha embarcado en más de cincuenta operaciones de paz, incluyendo la intervención por la paz en Sierra Leone y por el desarme y la demobilización de fuerzas; la intervención en Camboya y Mozambique para supervisar ceses de fuego, elecciones libres y justas, y la repatriación y reasentamiento de millones de personas desplazadas por la guerra; y la intervención en Haití para ayudar a crear un ambiente propicio para las elecciones libres y justas. Desde 1995, Naciones Unidas ha estado en Bosnia y Herzegovina, realizando funciones relacionadas con el cumplimiento de la ley y coordinando otras actividades relacionadas con la ayuda humanitaria, la eliminación de minas, derechos humanos, elecciones, rehabilitación de infraestructura y reconstrucción económica. Desde 1999, Naciones Unidas ha estado en Timor del Este, con plena autoridad legislativa y ejecutiva, para proveer la seguridad, mantener la ley y el orden y ayudar en la capacitación para el auto-gobierno.

La creación de un contexto en el que todos los ciudadanos puedan participar en el gobierno y ejercer responsabilidad hacia las comunidades en las que viven es la mejor respuesta al terrorismo, y la única que será efectiva en el largo plazo. El apoyo de fuerzas no-democráticas como el Talibán y la Alianza del Norte, que tienen una historia documentada de abusos de derechos humanos, sólo garantiza que la violencia continuará de una forma u otra. Si se permite a los países vecinos u otros países determinar el destino político de Afganistán de acuerdo con sus propios motivos geopolíticos, se corre el riesgo de perpetuar el ciclo de violencia. El oportunismo político debe ser reemplazado por un apoyo incondicional para el establecimiento de las instituciones democráticas y el respeto de los derechos humanos en Afganistán. Naciones Unidas está en una posición ideal para proveer asistencia y seguridad, para ayudar a restaurar la paz y facilitar la reconstrucción de la sociedad civil, y para propiciar condiciones que permitan la posibilidad de elecciones libres y justas.

What You Can Do: 

Por favor, escriba al Presidente del Consejo de Seguridad, pidiéndole que circule su carta a los otros miembros del Consejo de Seguridad. Haga un llamado al Consejo de Seguridad para que autorice una acción colectiva junto con organizaciones de mujeres afganas y otros sectores de la sociedad civil que se encuentran actualmente en condiciones adversas. Inste al Consejo de Seguridad a que considere formas nuevas y creativas de intervención de acuerdo con su mandato bajo el Capítulo VII &emdash; que restaure la paz y mantenga la seguridad, que contribuya a la reconstrucción de Afganistán, y que se embarque en una inciativa a largo plazo para crear un contexto propicio para las elecciones libres y justas en Afganistán, con la participación de todo el pueblo, incluyendo a las mujeres, sobre la base de la igualdad.

Presidente del Consejo de Seguridad para Noviembre
S.E. Patricia Durrant
Misión Permanente de Jamaica
767 Third Avenue, 9th Floor
New York, NY 10017
Fax: 212-935-7607
Email: jamaica@un.int

Presidente del Consejo de Seguridad para Diciembre
S.E. Moctar Ouane
Misión Permanente de la República de Mali
111 East 69th Street
New York, NY 10021
Fax: 212-472-3778
Email: mali@un.int