Pakistán: Las Ordenanzas Hudood – Denegación de justicia para los casos de violación El Caso de la Dra. Shazia

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Número de acción: 
26.1
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Fecha: 
1 Ago 2005
 

Me resulta extremadamente difícil narrar esos horribles momentos, pero lo voy a hacer por los miles de hermanas que permanecen oprimidas en esta sociedad, esta salvaje sociedad. Voy a relatar esta triste historia para poder ser la voz de todas mis hermanas que también han sufrido como yo. Lo voy a hacer para que los tribunales no se limiten a hacer papeleo y a ser una marioneta del gobierno y a tratar injustamente a las víctimas. Lo voy a hacer para que todas las mujeres sean tratadas con respeto.

La Dra. Shazia en un comunicado a la Red Asiático-americana Contra los Abusos a Las Mujeres (Asian-American Network Against Abuse of Women)

La Dra. Shazia es una médica de 32 años que trabajaba en un hospital de Pakistan Petroleum Limited, una empresa estatal proveedora de gas, en Baluchistan, una zona remota de Pakistán. El 2 de enero de 2005, la Dra. Shazia fue atacada y violada en su casa, un complejo de barracones vigilado, por un intruso que entró de noche mientras dormía. Ella informó del delito a la policía, a pesar de la fuerte presión recibida para que se mantuviera en silencio, pero en vez de detener y castigar al agresor, el gobierno de Pakistán ha obligado a la Dra. Shazia y a su marido Khalid a abandonar el país bajo amenazas de muerte. Ésta es la historia en sus propias palabras, relatada al periodista Nicholas Kristof del New York Times:

Era un día normal. Salí para el hospital y cerré con llave la puerta de mi domicilio. A las 8 de la tarde regresé, abrí la puerta y la volví a cerrar con llave. Entré a casa, cené e hice mis oraciones. Vi un poco la televisión y después me fui a la cama, sobre las 10 de la noche. Estaba profundamente dormida y sentí que alguien me empujaba el pelo. Al principio pensé que estaba soñando. Cuando comenzó a empujarme más fuerte, me desperté. La habitación estaba oscura. Le sentí presionar mi cuello más fuerte aún, y no podía respirar. Traté de gritar. Traté de gritar para pedir ayuda. El cogió un cable, me rodeó el cuello y comenzó a estrangularme. Chillé y luché para liberarme de él, pero mis esfuerzos eran inútiles. Estaba indefensa. Intenté alcanzar el teléfono que estaba al lado de la cama, pero él cogió el auricular y me golpeó en la cabeza, y después me violó. Le dije “por el amor de Dios, por Mahoma, a usted yo no le he hecho nada, ¿por qué me hace esto a mí?” Y él me respondió: “Estate callada”. Me dijo que había fuera un hombre llamado Amjad con una lata de queroseno y que me quemarían si no permanecía en silencio. Yo le dije: “Seguro que usted tiene hermanas, hijas o una madre”. Me dijo que me callara. Me vendó los ojos con mi pañuelo, me pegó en la cara con una pistola y me volvió a violar. Cuando acabó, me cubrió con una manta y me ató las muñecas con el cable del teléfono, pero no se fue. Se quedó en la habitación viendo la televisión de habla inglesa. Me había agredido brutalmente y perdí la conciencia. Cuando desperté, estaba tan asustada que no podía respirar. Finalmente intenté aflojar los nudos de mis muñecas, y conseguí unas tijeras para liberarme. Corrí a casa de una de las enfermeras. Estaba en estado traumático y de shock. No lo dije, pero ella se dio cuenta que me habían violado.

Llamaron a varios médicos de Pakistan Petroleum, pero dijeron a la Dra. Shazia que no contara a la policía lo de la violación. Posteriormente dijeron a las autoridades que ella no quería llevar adelante la denuncia. Estaba sangrando de la cabeza a causa de las agresiones, pero la dejaron allí sentada sin ocuparse de sus heridas y sin dejar que se pusiera en contacto con su familia. En lugar de curarle la sedaron y la enviaron en secreto a un hospital psiquiátrico de Karachi en un vuelo chárter, desde donde su hermano y su cuñada la llevaron a casa y llamaron a su marido Khalid, que se encontraba trabajando en Libia. En sus propias palabras:

Khalid me llamó inmediatamente, y le conté todo lo que había pasado. Me dijo que estaba conmigo, que yo era inocente y que debía ir a declarar a la policía. Me dijo que no me preocupara y que no era culpa mía. El 9 de enero la policía me tomó declaración. Los servicios de inteligencia militar nos dijeron que atraparían al culpable en menos de 48 horas. El gobierno nos obligó a mudarnos a otra casa. Estuvimos allí bajo arresto domiciliario. Yo quería justicia. Sé que el gobierno sabe quién es el culpable. Un oficial del servicio de inteligencia militar nos dijo que ya lo sabían, pero que no habían hecho nada. En la capital, donde estábamos retenidos bajo arresto domiciliario, vimos al Presidente en la televisión. Declaró que mi vida corría peligro. Mientras tanto, el abuelo de Khalid dijo que yo era una “kari” [una mancha en el honor de la familia], que Khalid se tenía que divorciar y que su familia no tenía que tener más relación conmigo. Pensé que me iban a matar para salvar el honor de la familia de Khalid. Si me iban a asesinar, pensé que era mejor suicidarme. Cogí un cuchillo y fui al cuarto de baño. Khalid intuyó lo que ocurría y vino a detenerme, junto con mi hijo adoptado. Mi hijo me dijo: “Mamá, si te matas tú yo también me mataré”.

El gobierno obligó a la Dra. Shazia a firmar una declaración en la que afirmaba haber obtenido ayuda del gobierno y que deseaba cerrar el asunto. Los funcionarios le advirtieron de que, si no firmaba, ella y su marido podían acabar muertos. Le dijeron que lo más seguro para ellos era salir de Pakistán. Y que si intentaba denunciar a Pakistan Petroleum harían la vida muy difícil a su familia. Este caso ya había provocado un mayor malestar aún entre los habitantes tribales de Baluchistan, hostiles a las fuerzas del gobierno allí. Ella abandonó entonces el país con su marido, pero el gobierno no permitió que su hijo les acompañara. Le advirtieron también que no se pusiera en contacto con ninguna organización de derechos humanos. Ahora la Dra. Shazia está de hecho exiliada, y no ha podido obtener asilo político en Canadá, donde tiene familia. Le gustaría que se hiciera justicia. En sus propias palabras:

El gobierno de Pakistán debe entender que una de las necesidades básicas de su país es ofrecer justicia a las víctimas. Deben preocuparse por los derechos de la mujer. Y si ocurren sucesos desgraciados como el mío, hay que proporcionar justicia a la mujer. No deberían hacer lo que han hecho conmigo. A mí y a mi marido nos han exiliado y han archivado el caso. El culpable aún puede andar tranquilamente por las calles de Pakistán. No es un ejemplo de justicia. Deben saber que las mujeres también forman parte del país.

Según los informes de prensa que cita la Comisión Pakistaní de Derechos Humanos, una organización no gubernamental, más de 10.000 mujeres son violadas cada año en Pakistán, aunque se cree que la cifra real puede ser mucho más alta. Como en todos los países, las mujeres se suelen mostrar reacias a informar de la violación, por razones sociales y por la desconfianza en el proceso judicial. En Pakistán existen otros obstáculos legales para lograr una condena por violación. La propia ley sobre violaciones, uno de los delitos de la ley zina según las Ordenanzas Hudood, exige la confesión del agresor o el testimonio de al menos cuatro hombres adultos musulmanes que hayan sido testigos presenciales de la violación. Si no consigue demostrar el delito, una mujer que ha denunciado una violación a la policía puede ser objeto de un juicio a su vez en virtud de las Ordenanzas Hudood, por fornicación si no está casada o por adulterio si lo está. Además de esos tremendos obstáculos legales para el procesamiento de una violación, existen varios informes sobre la participación de la policía en violaciones y en violaciones múltiples y sobre la protección policial de las personas acusadas de violación, sobre todo si proceden de familias influyentes. Las mujeres que han sido violadas corren también el riesgo de ser asesinadas por “honor”. Un pariente varón las mata porque se considera que han manchado el honor de la familia en la comunidad transgrediendo las normas sociales, que por lo que se ve incluye el hecho de haber sido violada. Se calcula que cada año se producen en Pakistán una media de mil asesinatos por “honor”.

Incluso la Comisión Nacional sobre el Estado de la Mujer del gobierno pakistaní ha recomendado revocar las Ordenanzas Hudood, basándose en que son discriminatorias para las mujeres y que no se ajustan a los mandamientos islámicos. Así mismo, son contrarias a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), de la que Pakistán es parte, y a la Constitución de Pakistán, que establece en su artículo 25 que “(1) Todos los ciudadanos son iguales ante la ley y tienen derecho a la misma protección legal. (2) No se podrá discriminar a nadie por razón de sexo solamente”.

Qué puede hacer: 

Por favor, escriba a los funcionarios pakistaníes nombrados abajo. Pídales que tomen inmediatamente medidas para garantizar la revocación o la modificación de las Ordenanzas Hudood para eliminar la discriminación contra las mujeres y asegurar que las mujeres violadas puedan recibir la igual protección de la ley de acuerdo con la propia Constitución de Pakistán y sus obligaciones derivadas de la CEDAW. Ínsteles a garantizar que se investigue por completo y de manera inmediata el caso de la Dra. Shazia, y que se ponga delante de la justicia a los responsables de su violación y a los que la amenazaron de muerte o de otro perjuicio. Por favor, escriba también a las autoridades canadienses para pedir que permitan a la Dra. Shazia, Khalid y su hijo adoptado vivir y trabajar en Canadá, donde tienen familiares y esperan reasentarse. Por favor, dirija sus cartas a:

General Pervez Musharraf
President of the Islamic Republic of Pakistan
Aiwan-E-Sadr
Islamabad, PAKISTAN
Fax: +92-51-922-1422
Para enviar un mensaje de correo electrónico al Presidente Musharraf, hágase clic aquí: http://www.presidentofpakistan.gov.pk/WTPresidentMessage.aspx

Sr. Muhammad Wasi Zafar
Minister of Law, Justice and Human Rights
S-Block, Pak Secretariat
Islamabad, PAKISTAN
Fax: +92-51-920-2628
Correo electrónico: minister@molaw.gov.pk

Honorable Diane Finley, P.C., M.P.
Minister of Citizenship and Immigration
Jean-Edmonds South Tower, 21st Fl.
365 Laurier Avenue West
Ottawa, Ontario K1A 1L1, CANADA
Fax: +1-613-957-2688
Correo electrónico: Minister@cic.gc.ca