El tráfico de mujeres y niñas con fines de explotación sexual comercial supone una forma perversa de violencia contra ellas y está vinculado de forma inextricable al comercio del sexo. El turismo sexual, que brinda a los hombres la oportunidad de viajar (casi siempre desde países de Occidente a países en desarrollo) con el propósito de contratar servicios sexuales con niñas y mujeres vulnerables, alimenta la demanda del tráfico sexual y la consiguiente explotación de mujeres y niñas con estos fines. Igualdad Ya fue una de las primeras organizaciones de derechos humanos en reconocer el papel del turismo sexual como propulsor del tráfico y la explotación y luchar contra esto.
En 1996, Igualdad Ya emprendió su campaña [1] para cerrar las oficinas de Big Apple Oriental Tours, un operador turístico neoyorquino que organizaba viajes de carácter sexual a Tailandia y Filipinas. En 2003, Igualdad Ya contribuyó al cierre de otra agencia de turismo sexual, la hawaiana Video Travel [2] y defendió la promulgación de una ley estatal en ese país para prohibir las actividades de este tipo de agencias. En 2005, Igualdad Ya comenzó a pedir al gobierno federal [3] que pusiera fin al turismo sexual y que investigara en particular al propietario de G.F. Tours. Recientemente, Igualdad Ya ha coordinado una demanda civil presentada en un tribunal de Estados Unidos [4] en nombre de cuatro mujeres brasileñas que presuntamente fueron explotadas cuando eran menores por un ciudadano estadounidense que organizaba viajes sexuales desde EE. UU. a Brasil.