Suheir El-Azzouni

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Desafiando a la ONU por discriminación sexual
Suheir El-Azzouni
“¿Cómo pueden trabajar las mujeres de Naciones Unidas contra la discriminación de género si ellas mismas sufren dicha discriminación dentro del sistema?"

Igualdad Ya ha abogado siempre por unos sistemas más transparentes en la ONU para luchar contra el acoso sexual y la discriminación por sexo que sufren las trabajadoras de Naciones Unidas. Suheir El-Azzouni es una de las demandantes a las que brindamos nuestro apoyo en un caso de discriminación por sexo. Recientemente ganó su caso en el Tribunal de Apelaciones de la ONU tras dos años y medio de batalla legal. El-Azzouni nos cuenta su experiencia y sus reflexiones acerca de cómo mejorar el sistema en este apartado dedicado al perfil de los socios.

Suheir El-Azzouni comenzó a trabajar como Directora del Centro para la Mujer en la Comisión Económica y Social de la ONU para Asia Occidental (CESPAO) en junio de 2006 con un contrato fijo de dos años. En julio de 2007, Bader Al-Dafa fue nombrado Secretario Ejecutivo de la CESPAO y supervisor de El-Azzouni. Poco después de su nombramiento, y según El-Azzouni, Al-Dafa comenzó a acosarle y a discriminarle por su presunta animadversión hacia la labor de defensa de los derechos de la mujer, que él consideraba contraria al Islam.

Entre otras cosas, el Secretario Ejecutivo al parecer impidió que el Centro para la Mujer publicara un manual de uso relativo a las interpretaciones progresistas de la ley islámica, hizo ciertos comentarios que apuntaban a una sensación de orgullo por los “crímenes de honor” pertenecientes a la cultura árabe, señaló que no era adecuado por parte de El-Azzouni, como cristiana, implicarse en temas relacionados con el género en el mundo musulmán y recriminó a ésta haberle enviado una carta abierta sobre un caso de violación colectiva en Arabia Saudí porque, en su opinión, era un tema demasiado delicado para ser abordado en el Centro para la Mujer. En abril de 2008, a pesar de un impecable curriculum profesional, El-Azzouni fue informada de que no se le renovaría el contrato. Mientras solicitaba que se revisara esta decisión, fue trasladada a un puesto ajeno a las labores de supervisión sin consulta previa alguna.

En los casos de acoso y discriminación por razón de sexo dentro de Naciones Unidas de los que Igualdad Ya tuvo constancia, observamos demoras, bloqueos y falta de transparencia durante las investigaciones llevadas a cabo por la ONU. El-Azzouni tuvo que superar numerosos obstáculos dentro del sistema y tardó más de dos años y medio en ver cómo finalmente se hacía justicia. Resulta interesante que, mientras el panel de Naciones Unidas encargado de investigar las denuncias de discriminación y otras reclamaciones (PDOG, por sus siglas en inglés) consideró ya en 2008 que existía “perjuicio y abuso de la autoridad discrecional” por parte del Secretario Ejecutivo, el sistema de justicia interna tardó otros dos años en resolver el caso a favor de Azzouni y esta decisión llegó una vez que el Secretario Ejecutivo había abandonado la organización. 

1. ¿Esperaba ganar el caso? ¿Cómo se sintió el día que supo que había ganado?

Al principio esperaba ganar el caso, pensaba que sería bastante sencillo. Sufrí discriminación sexual por parte de mi supervisor por hacer mi trabajo conforme a los valores y principios de la ONU en materia de igualdad de género. Sin embargo, cuando perdí la batalla en el Tribunal Contencioso-Administrativo de Naciones Unidas el 14 de enero de 2010, según la sentencia porque se había producido una “pérdida mutua de confianza”, y el juez no quiso escuchar a 22 de los 23 testigos dispuestos a testificar el acoso al que yo era sometida, comencé a perder mi fe en la justicia interna de la ONU. Aunque estaba resignada y pensaba que perdería el caso ante el Tribunal de Apelaciones de Naciones Unidas, sabía que tenía que luchar hasta el final.

Cuando gané, me quedé impresionada. Me había preparado psicológicamente para recibir otro golpe del sistema de justicia de la ONU. El 29 de octubre de 2010 recibí un escueto mensaje electrónico de Igualdad Ya comunicándome que había ganado y que la sentencia obligaba a readmitirme o abonarme el salario neto de dos años. Me quedé helada delante de la pantalla del ordenador sin creer lo que estaba viendo. Estaba sola en una habitación de hotel durante una misión de trabajo, lejos de casa, y me costó varios minutos comprender totalmente el significado de aquel breve mensaje. Me quedé atontada y casi me desmayo mirando fijamente a la pantalla. Como no tenía a nadie cerca para celebrarlo, escribí un mensaje colectivo a mi marido, mis hijos, mis hermanas, antiguos compañeros y muchos de mis amigos para informarles de que había ganado tras dos años y medio de lucha. Aquella noche estaba demasiado eufórica para dormir. Me quedé levantada delante de la pantalla del ordenador. Los mensajes de felicitación continuaron llegando hasta primera hora de la mañana siguiente, cuando tuve que hacer la maleta y tomar un avión de regreso a casa.

2. ¿Podría hablarnos un poco sobre el proceso para intentar obtener justicia dentro del sistema de Naciones Unidas? ¿Qué se podía haber hecho de manera diferente y cuál fue la parte más dura con respecto a interponer la denuncia?

Unos meses después de su nombramiento, comencé a sufrir acoso y graves trabas en mi labor relacionada con la igualdad de género por parte de mi supervisor Al Dafa. Me puse en contacto con el responsable de la Oficina del Asesor Especial del Secretario General sobre Cuestiones de Género (OSAGI, por sus siglas en inglés), quien a su vez me recomendó ponerme en contacto con la oficina del Ombudsman de la ONU, cosa que hice a primeros de marzo de 2008. Tras relatar mi historia durante varias sesiones en dicha oficina, se limitaron a decirme que se solidarizaban conmigo pero que no podían actuar basándose en un mero testimonio. Asimismo, temía que no me valoraran correctamente en la evaluación de desempeño. Tal como intuía, recibí una revisión contradictoria sobre mi rendimiento y no me renovaron el contrato.

Presenté una demanda ante el Comité de Alegaciones de la oficina encargada de realizar evaluación interna y también ante el grupo de Naciones Unidas encargado de investigar las denuncias de discriminación y otras reclamaciones. Además, presenté una solicitud de Suspensión de Acciones ante la Junta Mixta de Apelación (JAB, por sus siglas en inglés) para pedir que se reexaminara la decisión de no renovar mi contrato. El Comité de Apelaciones investigó los aspectos relacionados con mi rendimiento y el 26 de junio de 2008 publicó un informe en el que recomendaba sustituir la clasificación “en desarrollo” que mi supervisor había asignado a mis habilidades por la de “competente”. Posteriormente, la Junta Mixta de Apelación emitió su informe y de manera unánime recomendó suspender la decisión de no renovar mi contrato.

Una vez finalizada la labor del Comité de Apelaciones y la Junta Mixta de Apelación, el administrador de la CESPAO se reunió conmigo y me ofreció un contrato de un año que sería renovado por un segundo año, pero en otro puesto de la organización, si retiraba la denuncia presentada ante el PDOG. Decliné la oferta y les dije que solo retiraría la denuncia si me ofrecían un contrato de dos años en lo que mejor se me daba, el puesto de Directora del Centro para la Mujer.

En ese periodo de tiempo, la oficina OSAGI envió un informe al Secretario General Adjunto explicando mi caso. Sin embargo, mientras el PDOG seguía investigando mi caso, la Oficina del Secretario General decidió no aceptar las recomendaciones unánimes de la JAB y desvincularme de la organización, dando de plazo al PDOG hasta finales de septiembre para finalizar su trabajo. Este hecho resulta en sí mismo muy esclarecedor, ya que si el Secretario General realmente hubiera deseado luchar contra cualquier forma de discriminación dentro de la organización, al menos habría esperado tres semanas hasta que el PDOG terminara su investigación antes de tomar ninguna decisión.

El informe del PDOG fue publicado a finales de septiembre de 2008. Para entonces yo ya había sido apartada de la organización. El informe expresaba su consternación por “los casos en que las opiniones personales del Secretario Ejecutivo y no las normas de Naciones Unidas determinaban la política institucional” y observaba casos de “declaraciones no profesionales” y “conducta inadecuada” que deberían haber sido evitados en el lugar de trabajo, sobre todo por parte de un alto cargo con veteranía. El informe recomendaba mi reincorporación al trabajo o la indemnización correspondiente, así como una compensación por los daños sufridos. Como el PDOG solo formula recomendaciones que el Secretario General posteriormente acepta o rechaza, tuve que preparar otro recurso para la JAB por si las recomendaciones no eran aceptadas.

Durante ese tiempo, Igualdad Ya comenzó a ayudarme en el caso. Consiguieron apoyo de otras organizaciones internacionales y se reunieron con el Secretario General para hablar de mi caso. Tras recibir las recomendaciones del PDOG, el Secretario General simplemente las rechazó. No tuve más remedio que presentar un segundo recurso a la JAB con ayuda del panel de asesoramiento de la ONU, la Oficina de Asistencia Letrada al Personal. Poco después se produjeron reformas en el sistema de administración de justicia de la ONU y la JAB fue sustituida por el Tribunal Contencioso Administrativo de Naciones Unidas (UNDT, por sus siglas en inglés).

Transcurrió mucho tiempo hasta que el UNDT programó una vista para estudiar mi caso. El juez del UNDT mostró una actitud autoritaria y desdeñosa. De los 23 testigos que yo había presentado, únicamente aceptó escuchar a uno que iba a testificar sobre el tema de la discriminación religiosa. Después de oír su declaración y negarse a escuchar nada acerca de la discriminación por razón de sexo, el juez consideró que ya había escuchado “suficiente”. En su dictamen señaló que existía una “falta de confianza mutua” y que mi supervisor había actuado correctamente al no renovar mi contrato. Cuando escuché eso, me dispuse aún con más fuerzas a luchar por mi causa.

Contraté al abogado particular Edward Flaherty y presentamos un recurso ante el Tribunal de Apelaciones de Naciones Unidas (UNAT, por sus siglas en inglés). Habían pasado dos años y medio desde mi primera reclamación antes de que mi caso llegara al UNAT. Después de todo lo que había sufrido, no tenía muchas esperanzas de que el sistema finalmente me brindara justicia. Me alegra haberme equivocado. La magistrada del UNAT fue justa. Se dio cuenta de que las declaraciones de mi supervisor resultaban “contradictorias” y que el sistema no había sido justo conmigo. Dictaminó que mis derechos procesales habían sido violados y que debía ser reincorporada al trabajo o indemnizada.

3. ¿Qué sugerencias haría para cambiar el sistema de la ONU de forma que se pueda evitar la discriminación sexual en el futuro?

La ONU debería asegurarse de que únicamente se elija a firmes partidarios de los derechos humanos y de la mujer para presidir sus organizaciones. Los nombramientos no deben basarse solamente en consideraciones políticas. Yo creo que mi caso fue bloqueado y demorado en parte debido a la presión política y en parte porque la ONU decidió posicionarse al lado de sus principales funcionarios incluso aunque estos se habían equivocado y trabajaban en contra de los valores y principios declarados de Naciones Unidas. Si esto es cierto, entonces debería cambiar.

Un tercer apunte de importancia es que las Oficinas del Ombudsman y de Ética deben ser reforzadas y se les debe permitir abordar los casos de injusticia aunque en ellos estén implicadas personas o países influyentes. Espero que la nueva entidad ONU Mujeres esté mejor equipada para proteger a las mujeres de la discriminación. Tampoco entiendo por qué el Secretario General rechazó las recomendaciones de los diversos comités y organismos creados dentro de la ONU para proteger al personal de las injusticias (como el Comité de Evaluación, la Junta Mixta de Apelación y el PDOG) Si las recomendaciones de los organismos aún existentes se siguen ignorando en otros casos, en primer lugar no tiene sentido su existencia.

4. ¿En qué ha estado trabajando desde que fue obligada a abandonar la ONU?

En cuanto regresé a casa recibí varias ofertas de asesorías. He escrito un capítulo de un libro publicado en Nueva York acerca de la situación de la mujer en mi país, Palestina. He evaluado un programa regional financiado por la Unión Europea sobre mujeres y violencia. He dirigido los preparativos del primer plan nacional de acción y estrategia de género para los próximos tres años en Palestina. Actualmente trabajo en la evaluación del componente de género en la labor de una de las organizaciones de la ONU. He formado en materia de género a los miembros de la junta y a los principales empleados de una organización internacional. Hace unos meses, el Ministro palestino de Asuntos de la Mujer me concedió un premio por mi labor nacional, regional e internacional en defensa de la igualdad de género.

Hoy en día me sigue enorgulleciendo que la mayoría o toda la gente que conozco está encantada de que haya ganado este caso. En menos de cinco días recibí más de doscientos mensajes de felicitación de todo el mundo y de un gran número de personas que trabajan en la ONU. Incluso he recibido mensajes de gente con la que apenas hablaba. Y todavía no les he contado a todos mis amigos cómo ha terminado el caso... Para finalizar, me gustaría agradecer el apoyo brindado durante todo el proceso a Igualdad Ya y a otras organizaciones internacionales que trabajan por los derechos de la mujer. Muchas gracias a Ed Flaherty, mi maravilloso y competente abogado.

 

Las mujeres y niñas en todo el mundo necesitan su ayuda.
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