Sidra Humayun

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Combatir la Violencia Sexual sin Tregua en Pakistán
Sidra Humayun
“El gobierno debe tratar la violencia sexual como el problema de envergadura que es y otorgarle la prioridad que merece".

Sidra Humayun trabaja para War Against Rape (WAR) Lahore, una organización dedicada al problema de la violencia sexual y que ofrece ayuda moral, social, legal, psicológica y médica a las supervivientes desde 2005. Después de haber sufrido en sus propias carnes la violencia doméstica, Sidra abandonó a su esposo maltratador y decidió dedicar su vida a combatir la violencia contra la mujer y sobre todo la violencia sexual, uno de los problemas más tabú (y más extendidos) entre las mujeres en Pakistán.

La labor de Sidra en la lucha contra las agresiones sexuales no sólo consiste en asesorar y brindar ayuda directa a las víctimas, sino que además trata de garantizar que los sistemas médico y judicial en Lahore y la provincia de Punjab respondan con eficacia a las complejas necesidades de las supervivientes. A pesar de las amenazas recibidas, ella continúa dedicando su tiempo de forma voluntaria a ayudar a las niñas y mujeres vulnerables para que puedan acceder a los servicios que de otra manera les serían negados. En una visita reciente a Pakistán, tuvimos ocasión de sentarnos con Sidra a hablar sobre su trabajo.

1. ¿Podría describir las dificultades que suelen encontrar las víctimas de la violencia sexual para acceder a la justicia y obtener ayuda en Pakistán?

Pakistán no tiene la estructura necesaria para apoyar u ofrecer justicia a las mujeres y niñas que han sufrido abusos sexuales. La naturaleza patriarcal de la sociedad hace que aquellos que están en el poder no tengan voluntad alguna para resolver los problemas relacionados con la mujer, especialmente los que tengan que ver con la violencia sexual. Esta cuestión es tabú en el país, por lo que las mujeres a las que se asocia con la violencia sexual, incluso las que trabajan para combatirla, deben enfrentarse con el estigma social al respecto. Para las mujeres es muy difícil acudir a las comisarías y los juzgados, porque no es habitual en una sociedad machista que las mujeres se aproximen a los ámbitos dominados por el hombre. A los funcionarios en Pakistán, en concreto fiscales, jueces y policías, les cuesta imaginar que mujeres “normales” puedan acudir a estos lugares.

El sistema judicial no protege a las víctimas sino que muchas veces empeora aún más su situación. Éstas deben superar numerosos obstáculos en el sistema jurídico: muchas veces no existen leyes relativas a la violencia sexual o no se aplican correctamente. 

Recordemos por ejemplo el caso de Mariam, una chica de 15 años violada por su padre. Cuando denunció el caso por primera vez, la policía trató de convencerle de que no siguiera adelante porque iba a arruinar la vida de su padre. El informe médico no fue redactado correctamente y el interrogatorio de la policía resultó humillante. El fiscal aceptó sobornos del padre y el abogado de Mariam tuvo que prescindir de sus servicios. Además, la niña fue obligada a testificar en el juzgado delante de su padre, pese al trauma psicológico que le habían generado los hechos. Yo misma tuve que llevar un biombo a la sala para que Mariam no viera a su padre en las sesiones.

Pero quizá lo peor en este caso para todos los implicados fue lo mucho que duró el proceso legal. El caso fue a juicio en mayo de 2010, pero la primera vista no se celebró hasta enero de 2011. Mariam, su familia, su abogado y yo íbamos al juzgado todas las semanas, preparados para testificar, pero siempre había alguna razón ajena a nuestra causa por la que aplazaban la sesión. Finalmente, después de dos años de esfuerzos persistentes, el juez condenó a muerte al autor de la violación.

Aunque WAR Against Rape no apoya la pena capital, sentimos un gran alivio cuando Mariam por fin obtuvo justicia después de todas las dificultades sufridas. Lamentablemente, ésta no es la realidad para la mayoría de las niñas en Pakistán, que no cuentan con la ayuda de un abogado, una ONG local y otra internacional como tuvo Mariam. Este caso refleja perfectamente lo difícil que es para las jóvenes acceder a la justicia en los casos de violencia sexual en Pakistán.

Las víctimas no suelen presentar denuncia e incluso los pocos casos en los que existe denuncia no llegan lejos en el sistema judicial. Son muy pocas las organizaciones en Pakistán que abordan el tema de la violencia sexual, por lo que mi trabajo es extremadamente complicado y supone una dura batalla en todos los frentes.

Organizaciones como WAR no disponen de los recursos necesarios y por eso les es muy difícil desarrollar su actividad con el alcance necesario. Como no hay fondos, WAR no puede pagarme un sueldo. Sin embargo, yo sigo colaborando de forma voluntaria porque estoy comprometida con mi trabajo y con las víctimas de la violencia sexual.

2.  En su trabajo se ha encontrado con un número importante de casos de incesto.  ¿Hay alguna diferencia con respecto al modo en que las autoridades y la comunidad en general tratan estos casos?

El incesto es una de las formas de violencia más invisibles, y las niñas son las víctimas más vulnerables en estos casos. Las víctimas del incesto sufren aún más dificultades a la hora de acceder a la justicia que otras víctimas de violaciones. Como el autor es un familiar con más poder que la víctima, denunciar la agresión supone una deshonra para la familia. Muchas veces se sacrifican los derechos de la víctima con el fin de proteger a la familia. Las familias normalmente ocultan los hechos, lo cual puede perjudicar gravemente a la víctima.

En los últimos tres años me he encontrado con varios casos de incesto en mi trabajo. Sin embargo, es muy difícil abordarlos debido a la actitud de la sociedad y a la incredulidad de policía, fiscales y jueces. La mayoría de casos no son sometidos a un proceso legal, aunque hayan sido denunciados a la policía, porque las autoridades consideran que las víctimas y sus familias tenían otros motivos para presentar las demandas. Además, el Código Penal de Pakistán no recoge específicamente el delito de incesto.

La sentencia del caso de Mariam muestra, no obstante, que existe esperanza para el futuro y que la justicia penal en Pakistán puede funcionar para las víctimas vulnerables que carecen de voz. Esperamos poder utilizar este caso para conseguir una reforma legal que garantice el trato justo a las víctimas en el sistema judicial, que es la luz al final del túnel.

3. ¿Podría hablarnos de las dificultades y las amenazas que ha sufrido en su trabajo?

Las dificultades existen en todos los niveles, por ejemplo el hecho de que una mujer sola vaya a la comisaría y solicite el historial de un caso o tener que proteger a las supervivientes del acusado en un espacio público como es el juzgado. Tratar con la policía puede ser muy complicado en los casos de abusos sexuales porque ellos tienen un estereotipo de las mujeres y no consideran que las comisarías y los juzgados sean lugares a los que deban acudir mujeres “decentes”.

En muchos casos he encontrado corrupción: policías que aceptan sobornos del acusado para ocultar los hechos de un caso. En otros casos las pruebas se extravían o se ocultan también, lo que perjudica o ralentiza enormemente la investigación. Y cuando a las supervivientes les realizan un reconocimiento médico, el personal de los hospitales públicos no tiene la experiencia necesaria para abordar un caso de violación y desconoce los procedimientos adecuados para recoger pruebas, lo que dificulta aún más el caso.

En ocasiones, como consecuencia de la falta de preparación, los abogados no son capaces de representar a las supervivientes del modo apropiado y esto hace que la labor de los activistas, como en mi caso, resulte más complicado. El sistema judicial es lento y los procedimientos legales muy largos, así que hay casos que se prolongan durante años. Esto supone una carga económica tremenda para las víctimas, sus familias y las organizaciones que les apoyan con servicios jurídicos y de asesoramiento.  

Para mí supone un riesgo ayudar a las supervivientes, porque los autores de estos delitos me consideran su enemiga. En una ocasión, cuando defendía a una niña de 12 años que había sido víctima de una violación en grupo, acompañé a la familia a la oficina del superintendente de la policía. Mientras caminaba por el pasillo me encontré con uno de los violadores, que se levantó la camiseta para enseñarme el revólver que llevaba en la cintura, como para advertirme que no apoyara a la víctima. He recibido numerosas amenazas por teléfono a lo largo de los años, pero intento que no afecten a mi misión.

También mi salud ha pagado un elevado precio por la labor que desempeño: sufro estrés y una sensación de desesperanza en proporción a la envergadura de los problemas a los que me enfrento. Sin embargo, siempre encuentro la fuerza necesaria en nombre de todos aquellos que confían en WAR y nos piden ayuda. Mis esperanzas se renuevan cuando veo a las supervivientes progresar y dejar atrás sus traumáticas experiencias para construirse un futuro positivo. Esto hace que mi trabajo en WAR merezca la pena, a pesar de los numerosos obstáculos existentes. También me siento muy afortunada de tener unos padres y hermanos que siempre han apoyado mi pasión por este trabajo y que me han brindado su apoyo inquebrantable en mi vida personal cuando yo misma sufrí abusos.

4. ¿Qué debería hacer el gobierno paquistaní para poner fin de una vez por todas a la violencia sexual contra mujeres y niñas?
 
El gobierno debe tratar la violencia sexual como el problema de envergadura que es y otorgarle la prioridad que merece.  Lo que hace falta es que el gobierno se comprometa a examinar los problemas y las deficiencias que existen en el sistema legal y administrativo para abordar estas violaciones, así como los obstáculos que encuentran las mujeres y niñas a la hora de acceder al sistema. El gobierno debería mejorar la legislación relativa a las violaciones y añadir disposiciones acerca del incesto.

Asimismo, los procesos judiciales deben respetar a la víctima para que ésta no se sienta acosada en los contra-interrogatorios, los testigos menores de edad sean separados del acusado en los procedimientos, los juicios por violencia sexual finalicen en un plazo determinado, etc.  Los policías que investigan los delitos sexuales y los médicos encargados de hacer los reconocimientos en estos casos deben recibir una formación específica en materia de violencia sexual conforme a las normas internacionales.

Lo más importante es que aún hay mucho trabajo por hacer para prevenir la violencia sexual, a través de campañas de sensibilización y del empoderamiento de las niñas por medio de la educación en derechos. Las víctimas deberían recibir unos servicios mejores, y los proveedores de estos servicios deben trabajar de un modo más responsable y transparente.

La situación en Pakistán mejora poco a poco para las mujeres. La sociedad civil se está moviendo y existen varias organizaciones de mujeres que trabajan por los derechos de la mujer en el país. Cerca del 22% de los parlamentarios son mujeres, incluida la portavoz de la Asamblea Nacional. Recientemente han sido aprobados varias propuestas de ley progresistas, como la de la Ley de Protección de la Mujer de 2006, la Ley de Protección de la Mujer contra el Acoso en el Trabajo de 2010 o la Ley de Control del Ácido y de Prevención de los Crímenes con Ácido  de 2010.  Hemos tenido como líder a Benazir Bhutto, la primera mujer que preside un estado musulmán, y hace poco hemos elegido a nuestra primera Ministra de Exteriores. Estos avances me dan esperanza para el futuro, y sé que a pesar de todos los obstáculos que encontremos por el camino estamos cambiando las cosas para las niñas y las mujeres en Pakistán.

Estudie la posibilidad de apoyar nuestra labor contra la violencia sexual.

Para más información sobre la organización de Sidra Humayun, entre en www.warlahore.itgo.com.